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Diagnóstico temprano: una oportunidad, no una etiqueta
Opinión

Diagnóstico temprano: una oportunidad, no una etiqueta

Por Javier González Cuevas, Psicólogo y Director del Centro de Atención Psicológica y Estudios, Universidad Central de Chile, Región de Coquimbo

Universidad Central Región de Coquimbo
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Un diagnóstico en salud mental no debe entenderse como una etiqueta limitante, sino como una herramienta de comprensión que permite diseñar apoyos oportunos y evitar costos emocionales futuros.

Al día de hoy, el temor ante un diagnóstico en salud mental es frecuente, aún persiste un gran estigma asociado a este tipo problemas y a las consecuencias que trae para la persona y su familia, lo cual retrasa todavía más el solicitar ayuda.

Lo anterior se vuelve aún más grave cuando se hace desde mitos o sesgos hacia la salud mental, pues se tiende a pensar que un diagnóstico es algo limitante, y no una herramienta de comprensión. Por ejemplo, en la niñez temprana, la variabilidad es la norma y las habilidades aún no se consolidan. Por ello, detectar señales de riesgo a través de un adecuado análisis del contexto familiar nos permite estimar riesgos potenciales y diseñar apoyos oportunos, pero sin definir o marcar a ese niño o niña. Desde el plano clínico, la pregunta verdaderamente útil en estos años formativos no es qué etiqueta portará esa persona en el futuro, sino qué apoyos psicológicos y pedagógicos necesita hoy y cómo es su singular respuesta a la intervención.

Postergar la evaluación por temor al estigma tiene altos costos para la salud mental. Las dificultades persistentes sin apoyo generan frustración crónica, dañan la autoestima y elevan el riesgo de desarrollar otros problemas como la ansiedad y la depresión. Además, fenómenos como el enmascaramiento o las estrategias de compensación ocultan el malestar interno y retrasan una intervención que optimizaría su adaptación social y bienestar emocional, lo cual es especialmente doloroso en una sociedad que tanto valora la felicidad.

El diagnóstico no debe reducir la complejidad de la persona. En ese sentido, una condición neurodivergente (como TEA o TDAH) describe una forma particular de procesar el mundo, pero no limita las capacidades cognitivas, la curiosidad o la creatividad de una persona. Hay que romper el esquema o creencia de que recibir ayuda en salud mental es un signo de debilidad, resignificándolo como una señal de valentía. Como profesionales de la salud mental, debemos ser enfáticos en comunicar los beneficios de un diagnóstico temprano, visibilizando indicadores de riesgo pero socializando, también, qué estrategias existen para acompañar estos procesos (modalidades de terapia, talleres participativos psicoeducativos, mesas de trabajo multidisciplinares, etc).

Esta columna la escribió Javier González Cuevas y expresa su opinión. Radio Ruta Norte FM la publica como parte de su espacio de opinión y no necesariamente comparte lo que aquí se plantea.

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