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Darwin Cortés Palma, Seremi de Gobierno de la Región de Coquimbo
Cumplimos nuestro primer mes de Gobierno y lo hacemos tal como partimos: trabajando, en terreno, conversando con la gente y tratando de responder a una realidad que no da tregua. La verdad es que este no ha sido un tiempo para acomodarse en el cargo ni para quedarse en diagnósticos largos. Ha sido un mes de despliegue, de escuchar mucho y de empezar a actuar frente a problemas que llevan demasiado tiempo golpeando a las familias.
Y en la Región de Coquimbo eso se siente con más fuerza todavía. Acá los problemas no son abstractos ni se discuten solo en una mesa técnica. Se viven todos los días. Se sienten cuando una familia mira con preocupación la seguridad de su barrio, cuando una comunidad educativa enfrenta episodios de violencia que nunca debieron normalizarse, cuando un agricultor mira al cielo y luego al embalse con la incertidumbre apretándole el pecho, o cuando un trabajador espera que la economía regional vuelva a moverse con más fuerza.
Por eso hemos hablado de un Gobierno de Emergencia. Y es que no se trata de una consigna ni de una frase hecha para sonar firmes. Se trata de una manera de gobernar. De entender que Chile no puede seguir acostumbrándose al deterioro, a la espera eterna, a esa sensación de que todo demora demasiado. En regiones como la nuestra no basta con describir bien los problemas. Hay que enfrentarlos. Hay que hacerse cargo.
Lo vimos con mucha claridad estos últimos días en materia de educación. Las amenazas en establecimientos de La Serena, Illapel y Ovalle no son un hecho menor ni una anécdota de la contingencia. Remecen a las comunidades completas. Generan miedo en los estudiantes, angustia en las familias, desgaste en los equipos docentes. Y la verdad es que ningún niño debiera ir a clases con temor, ni ningún apoderado debiera empezar la mañana preguntándose si su hijo va a estar realmente seguro. Por eso iniciativas como Escuelas Protegidas no son una discusión lejana ni un debate de oficina. Son una respuesta concreta a una necesidad urgente: devolver seguridad, autoridad y convivencia a espacios que tienen que estar dedicados a aprender y crecer.
Además, está la seguridad pública en un sentido más amplio. Nuestra región sabe bien lo que significa convivir con el avance del narcotráfico, con la presencia del crimen organizado y con delitos que van alterando, poco a poco, la vida cotidiana de barrios y comunas. Eso no se puede relativizar. No se puede mirar de lejos. La primera responsabilidad del Estado es proteger a las personas, y hacia allá estamos empujando nuestros esfuerzos: más coordinación, más control, más presencia real en el territorio. Porque cuando el delito avanza, lo que se espera de la autoridad no es una explicación elegante. Es decisión.
Pero si hay una herida profunda en la Región de Coquimbo, una que viene de hace años y que ya forma parte de la conversación diaria en cientos de hogares, esa es la crisis hídrica. Hablar del agua acá no es hablar de un tema más. Es hablar de la vida misma de la región. De la agricultura, por cierto, pero también del empleo, del desarrollo, de la tranquilidad con la que una familia mira el futuro. Cuando los embalses están en niveles críticos, no solo faltan litros. También se instala una sensación amarga de fragilidad, de no saber cuánto más se puede resistir así. Por eso este desafío exige algo más que buenas intenciones: requiere coordinación, continuidad y decisiones que estén a la altura de una región que ya lleva demasiado tiempo enfrentando esta realidad.
Y junto con responder a las urgencias, también tenemos que empujar el desarrollo. Porque una región no sale adelante solo resistiendo. También necesita avanzar. Coquimbo necesita crecer, atraer inversión, mejorar su conectividad, recuperar dinamismo y mirar el futuro con más ambición. Detrás de esa discusión, que a veces parece técnica, hay cosas muy concretas: empleo, oportunidades, movimiento económico, proyectos que despegan, familias que vuelven a sentir que se puede salir adelante. Por eso temas como Agua Negra y la infraestructura que necesita nuestra región para desarrollarse no pueden quedar atrapados en promesas eternas. Esa conversación hay que darla en serio, con visión de futuro y pensando en lo que viene para las próximas décadas.
Este primer mes también ha estado marcado por medidas nacionales que sí impactan la vida cotidiana en regiones como la nuestra. Ahí están el apoyo frente al alza de los combustibles, con compensaciones para las regiones y bono para taxis, colectivos y transporte escolar; la postergación del cobro de reliquidaciones eléctricas; la alerta sanitaria oncológica; y el impulso a la inversión como una condición indispensable para reactivar la economía. No son anuncios para la galería. Son decisiones que apuntan a aliviar cargas reales, de esas que pesan en la mesa de la casa, en la billetera y en la tranquilidad de las personas.
Como Seremi de Gobierno, tengo claro que nuestra tarea no es solo comunicar. También es estar, escuchar, explicar con claridad y acompañar el despliegue del Gobierno en las quince comunas de la región. Ese es el compromiso del Presidente José Antonio Kast, del Delegado Presidencial Víctor Pino y de todo el gabinete regional. Estar más cerca. Llegar antes. Responder mejor. Puede sonar simple, pero ahí está buena parte del desafío.
Cumplimos un mes. Es poco tiempo, por supuesto, y queda muchísimo por delante. Nadie sensato diría lo contrario. Pero también hay algo que ya empieza a quedar claro: este Gobierno no vino a acomodarse a la inercia ni a dejar pasar las cosas como si fueran inevitables. Vino a trabajar. Y en la Región de Coquimbo vamos a seguir haciéndolo con la misma convicción del primer día, con sentido de urgencia, con presencia en terreno y con un propósito muy claro: trabajar para usted.





