La densificación urbana en La Serena-Coquimbo plantea un dilema entre optimizar el uso del suelo y acumular vulnerabilidades geotécnicas en un territorio expuesto a tsunamis, terremotos y procesos aluviales.
Desde una perspectiva geológica, la conurbación La Serena-Coquimbo representa un entorno dinámico y expuesto a múltiples amenazas naturales debido a su ubicación en un margen convergente activo, determinado por la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana. Con una población que supera los 300.000 habitantes, el modelo de crecimiento enfocado en la densificación vertical plantea un dilema fundamental entre la optimización del uso del suelo y la acumulación de vulnerabilidades geotécnicas.
El suelo de la conurbación está dominado por formaciones sedimentarias y depósitos de terrazas marinas que presentan un marcado contraste en su comportamiento mecánico y dinámico. Por un lado, suelos firmes presentes en zonas elevadas conformadas por gravas compactas, aptas para el emplazamiento de infraestructura, y por otro lado, suelos blandos y depósitos recientes ubicados en planicies costeras y la bahía de Coquimbo, constituidos por arenas, limos y arcillas propensos a la amplificación sísmica, subsidencia, compactación y licuefacción.
Esta heterogeneidad geológica condiciona la severidad de las amenazas naturales en el área como: riesgo de tsunami debido a las modelaciones de inundación de la bahía, que alcanzan cotas de 10 a 12 metros. Sismicidad que, en casos como el terremoto del 2019, dañó más de 200 edificaciones, destacando la vulnerabilidad en zonas recién densificadas. Y procesos aluviales provocados por el aumento de la impermeabilización en laderas y quebradas, incrementando la escorrentía superficial, potenciando el riesgo de flujos y deslizamientos.
La densificación urbana no debe catalogarse como un proceso intrínsecamente positivo o negativo; su éxito depende de su compatibilidad con la geología local. Por un lado, densificar en sectores geológicamente estables permite optimizar la infraestructura y evitar la expansión descontrolada hacia zonas naturales o agrícolas periféricas. Por otro lado, la densificación mal regulada en zonas de relleno, sectores de inundación o suelos con potencial de licuefacción multiplica exponencialmente la exposición de la población y los bienes. Asimismo, la concentración poblacional en la franja costera obstaculiza severamente las rutas de evacuación horizontal ante emergencias sísmicas.
Para lograr un crecimiento urbano sostenible y seguro, se requiere adoptar un enfoque preventivo, priorizando la microzonificación geotécnica y sísmica con estudios obligatorios del terreno previos a la ejecución de nuevos proyectos inmobiliarios, restringiendo el uso de suelo para limitar la densificación vertical en áreas costeras de alta exposición a tsunami y suelos licuables, actualizando planes reguladores con proyecciones de cambio climático que consideren un eventual aumento de precipitaciones y sus riesgos, y fomentando el mejoramiento de suelos, educación comunitaria y fortalecimiento de planes de evacuación.


