Propuesta para transformar el período octubre-diciembre en una oportunidad estratégica mediante turismo MICE y experiencias de nicho, en lugar de esperar pasivamente el verano.
El fin de las Fiestas Patrias deja una postal conocida en nuestros destinos regionales: tras el frenesí dieciochero, sobreviene un silencio que vacía hoteles y restaurantes. La reacción habitual es resignarse y esperar que llegue enero. Esta inercia perpetúa la capacidad hotelera ociosa, asfixia la liquidez y precariza el empleo local con contratos temporales. El periodo octubre-diciembre no debe ser un valle de pérdidas; es una ventana estratégica para captar a un visitante distinto, menos sensible al clima y de mayor poder adquisitivo.
Ese perfil lo entrega el turismo MICE (reuniones, congresos y eventos). Lejos de apagarse, la primavera es un trimestre de alta intensidad que concentra cierres corporativos, simposios universitarios y cumbres gremiales. Una muestra de este dinamismo se vivirá en la Universidad Central Sede Región de Coquimbo, el 4, 5 y 6 de noviembre, en el XLII Congreso Internacional ASFAE 2026, que reúne a cientos de expertos en economía y negocios de todo el país. Los asistentes, viajan en días hábiles gracias a viáticos institucionales, inyectando liquidez y reactivando la infraestructura que habitualmente dejamos enfriar. Para no desaprovechar esta ventana estratégica, municipios y gremios deben dejar la inercia y actuar como verdaderos cazadores de eventos, postulando a la zona en base a sus ventajas comparativas.
Esta dinámica cobra fuerza al articularse con la economía de nicho. Quien viaja a un congreso busca experiencias exclusivas. Empaquetar la oferta con astroturismo bajo cielos limpios o rutas de enología y catas en viñas locales rentabiliza los atributos identitarios de la zona. Un menor volumen de turistas de intereses especiales genera ingresos iguales o superiores al estival, protegiendo la capacidad de carga local.
Asimismo, este flujo estabiliza ingresos para hacer algo clave: reinvertir en la gente. La primavera prepara la industria para el peak estival. Se debe capacitar a los equipos locales en hospitalidad, idiomas, software de gestión y analítica de datos. Elevar los estándares, asegura que al arribar el verano, la cadena opere con excelencia y productividad, sin improvisar.
Las ciudades que progresan son aquellas que gestionan con decisión su curva de demanda. Romper la inercia post-18 y construir un modelo turístico inteligente, continuo y sostenible es una urgencia económica que no podemos postergar.


