El Director de Ingeniería Civil en Minas de la Universidad Central advierte sobre el aumento de muertes en la minería chilena y plantea que la seguridad debe ir más allá de protocolos escritos.
La minería chilena ha experimentado una profunda transformación en décadas recientes. Nuevas tecnologías, automatización, avances en ingeniería y mejoras normativas han permitido operaciones más eficientes y seguras. Sin embargo, seguimos lamentando la muerte de trabajadores en accidentes que pudieron evitarse.
Las cifras preocupan. Según antecedentes de Sernageomin, en 2025 fallecieron 20 trabajadores, frente a 11 en 2024: un aumento del 81,8%. A octubre de 2026, se registran otros 12 fallecidos. Detrás de cada cifra hay una pérdida irreparable y el deber de revisar la prevención.
Históricamente, los accidentes fatales se han vinculado con desprendimientos de roca, inestabilidad del terreno, maquinaria pesada, atrapamientos y energías peligrosas. Son riesgos conocidos, para los cuales existen procedimientos y tecnologías de control. Entonces, ¿por qué seguimos perdiendo vidas frente a peligros que sabemos identificar?
La respuesta va más allá del error individual. La prevención exige integrar planificación, mantenimiento, supervisión y evaluación continua de riesgos. No basta con protocolos escritos: deben cumplirse en terreno, y cualquier trabajador debe poder detener una tarea cuando existan condiciones inseguras, sin temor a represalias.
Sernageomin y las empresas mineras públicas y privadas tienen un papel decisivo. Urge fortalecer la fiscalización, el monitoreo preventivo y los planes transversales de seguridad, con iguales estándares para trabajadores de empresas mandantes, contratistas y colaboradoras. La protección de la vida no puede depender del vínculo contractual ni del tamaño de la faena.
Las universidades también tenemos una responsabilidad importante en formar profesionales que comprendan que toda decisión de ingeniería tiene consecuencias humanas, además de económicas. La seguridad debe incorporarse desde el diseño de la faena hasta su cierre.
Chile aspira a mantener su liderazgo minero mundial. Pero ese liderazgo también debe medirse por su capacidad de proteger a las personas. No podemos normalizar las muertes como un costo inevitable de producir. Ninguna tonelada extraída ni meta operacional justifica perder una vida. El verdadero progreso será que cada trabajador regrese sano y salvo a su hogar.

